Y no sabía de otra verdad más verdadera,
tan solo era la profundidad de tus ojos
que nadaban en los míos,
y con eso bastaba para ser felíz.
Y ahora soy como un fantasma
que atraviesa los cuerpos del recuerdo,
deambulando solitaria entre conversaciones,
gestos, abrazos y tantas de tus miradas.

